Cómo sobrellevar tu último día de trabajo con elegancia

Tanto si ha sido una decisión voluntaria como impuesta, el último día de trabajo puede llevarnos al precipicio profesional o extender ante nuestros pies un trampolín que catapulte nuestra carrera profesional.

No son pocos los trabajadores o directivos que han tenido un impecable expediente durante el tiempo en el que han permanecido en la empresa y lo han tirado por la borda por un comentario improcedente en el último día de trabajo. ¿Quién no recuerda a Tom Cruise, en la película Jerry Maguire montando un espectáculo en su día de despedida?

El objetivo durante el último día de trabajo es conseguir ser recordados por las aportaciones que hemos hecho a la empresa, así que debemos concentrarnos en que los nervios por la nueva etapa, la ilusión por entrar en otra compañía o el enfado por el despido manchen nuestra reputación. ¿Qué podemos hacer?

Lo que debemos evitar en el último día de trabajo…

Dado que, en las despedidas laborales, los errores graves provienen más por acción que por omisión, veamos algunos consejos de prácticas que debemos evitar en el último día de trabajo:

  • Ningunear a los compañeros que se quedan en la oficina. En algunas ocasiones, el resentimiento por un despido o la insatisfacción acumulada en el puesto pueden llevarnos a menospreciar las aptitudes o actitudes de nuestros colegas. ¿Qué ganamos con ello? Solo conseguiremos dañar a esas personas y romper cualquier vínculo que pudiera unirnos en el futuro.
  • Querer ser un amigo para todos en el último momento. Suele salir de forma espontánea, como muestra de educación, pero las invitaciones a mantener el contacto en el exterior con compañeros con los que no nos unía ningún vínculo especial sobran. Como señala Dana Manciagli, autora de Cut the Crap, Get a Job!, en lugar del manido “a ver si nos tomamos un café”, podemos enfocar la conversación a temas laborales como “te invitaré a unirte a mis contactos en LinkedIn”. Y hacerlo, claro.
  • Regodearnos. Cuando la salida ha sido decisión nuestra debemos procurar no deleitarnos con nuestras nuevas condiciones laborales, especialmente con los superiores. Recordemos que no sabemos qué va a pasar en un futuro y es mejor contar con el apoyo de los antiguos jefes.
  • Insultar o faltar al respeto. Parece obvio, pero no es raro encontrarse con profesionales que han perdido los estribos en su último día de trabajo. Faltar al respeto a los colegas y superiores no solo supone el cierre de las puertas de esa empresa, sino que también nos arriesgamos a tener unas pésimas referencias.
  • Decir que nunca volveremos a la compañía. La soberbia es una mala compañera en las despedidas de los trabajadores, pero no sabemos cómo irá nuestra carrera profesional, así que mejor ser prudente en cuanto a una posible vuelta a la empresa.
  • Manipular documentación. Olvidémosnos de venganzas sin sentido, como esconder archivos importantes, borrar información clave del ordenador o cambiar contraseñas y accesos. Solo denota una actitud infantil e inmadura.

Y lo que no podemos olvidar

Además de recoger nuestros efectos personales del escritorio, el último día de trabajo es el momento idóneo para:

  • Mostrar nuestra disponibilidad para solventar asuntos pendientes. No se trata de responsabilizarnos de forma permanente del trabajo que hayamos realizado en la organización pero es muy habitual que, tras nuestra salida, surjan dudas o asuntos relativos a nuestro puesto. Ofrecer nuestra ayuda para aclarar cualquier cuestión durante un par de semanas será un gesto muy elegante en nuestro último día de trabajo.
  • Hacer entrega de los objetos de la empresa. Los móviles corporativos, tarjetas de acceso, instrumentos de papelería… deben quedarse en la empresa. Aprovecha los últimos momentos en la oficina para chequear que todo está en su lugar.
  • Pedir una carta de referencia. Es probable que posteriormente nos resulte incómodo contactar con el jefe para pedir una recomendación, así que podemos solicitarla justo antes de abandonar nuestro puesto.
  • Despedirnos de todos los compañeros y superiores. No debemos limitarnos a decir adiós a nuestros amigos o colegas más cercanos, sino que debemos hacer este gesto extensivo a toda la plantilla o el equipo (según el número de trabajadores de la compañía). Nunca sabremos quién puede recomendarnos en un futuro.