Ni me explico ni me entiendes: trampas comunicativas en la oficina

A pesar de que la utilizamos constantemente, la comunicación es un proceso realmente complejo en el que intervienen factores semánticos, neurológicos, psicológicos, sociales y culturales, como pone de manifiesto Xavier Guix en su obra Ni me explico, ni me entiendes: Los laberintos de la comunicación.

Todos es comunicación, desde la actividad y las palabras hasta la inactividad o el silencio. Sin embargo, los mensajes tienen que pasar por el tamiz subjetivo del oyente, que trata de descifrar la información sobre la base de su prejuicio sobre lo que cree que el emisor quiere decir, Pero no siempre ambas realidades coinciden, generando interferencias.

Así, en el plano profesional, es habitual presenciar situaciones en las que un directivo o jefe trata de trasladar una directriz a un empleado sin que este consiga comprender qué quiere el primero que lleve a cabo o que el trabajador intente comunicar un mensaje al superior sin éxito.

En este sentido, el autor de Ni me explico, ni me entiendes: Los laberintos de la comunicación recoge en su libro una serie de trampas comunicativas en las que las personas caemos cuando tratamos de comprender a otro:

  • Jugar con las presuposiciones. En muchas ocasiones, durante una conversación damos cosas por sentadas. Partimos de la idea errónea de que el oyente va a comprender ciertos aspectos del mismo modo que nosotros, por lo que consideramos que hay puntos del mensaje que se sobreentienden. Sin embargo, el interlocutor no siempre tiene la información necesaria para llegar a la conclusión deseada o su perspectiva del asunto no coincide con la del emisor.
  • Aconsejar. A pesar de la buena intención que puede conllevar esta práctica, dar consejos sobre lo que haríamos nosotros en el lugar de la otra persona solo consigue empequeñecer al interlocutor, coaccionándolo sutilmente a guardar cualquier otra opción que él hubiera meditado de forma individual.
  • Insistir en llevar la razón. Cuando nos obcecamos en llevar la razón durante una charla estamos bloqueando el diálogo. En lugar de esto, lo ideal para que la comunicación fluya es intentar construir una conclusión consensuada con todas las partes en la que se vean reflejados los distintos puntos de vista.
  • Decir la última palabra. En el mismo sentido que el punto anterior, hay quien siempre tiene que pronunciar la última palabra, como muestra de poder, lo que genera un impacto negativo en el resto de participantes en la conversación.
  • Dar instrucciones sobre las reacciones. Si a una persona le tenemos que pedir que sea más espontáneo a la hora de hablar o que se tome nuestras palabras de una u otra forma, solo conseguiremos que aumente su inseguridad o suspicacia respecto a nuestra directriz.
  • Escucharse a sí mismo. Esta trampa comunicativa, recogida en Ni me explico, ni me entiendes: Los laberintos de la comunicación tiene una doble vertiente: aquellos que no paran de hablar sobre su persona, sin importarles si le interesa o no al oyente, y aquellos que concentran toda su atención en los demás, olvidándose de ellos mismos.
  • Hablar sin decir nada. Se trata de emplear un lenguaje refinado con palabras biensonantes pero sin contenido, una práctica que hemos visto en muchas ocasiones en política.
  • Las distorsiones cognitivas. Nuestros estados de ánimo influyen considerablemente en el mensaje, por lo que también debemos controlar los sentimientos para que contaminen el discurso.
  • Dejarnos llevar por las primeras impresiones. Como dijo Óscar Wilde, “no hay una segunda oportunidad para una primera impresión”. Al conocer a una persona, inevitablemente, creamos una imagen sobre la misma que nos hace adaptar nuestra interpretación de sus palabras en función de esa impresión.
  • La disonancia. Cuando los que se expresa en palabras no coincide con los actos se genera un malestar entre las partes que empaña la comunicación.
  • Los ruidos. Durante una conversación es posible percibir ciertos ruidos, como una cadencia demasiado rápida o lenta, una expresión concreta, un tic… Aunque reducen la comprensión, también son un recurso muy valioso, si los analizamos correctamente, para conocer los miedos, inseguridades y estado anímico del emisor. .
  • Juegos de roles. En el ámbito empresarial, la comunicación está afecta por la propia jerarquía y los roles o cargos que cada profesional desempeña. Sin embargo, una cosa es actuar conforme a lo esperado para un puesto y otra actuar, convirtiéndonos en alguien que no somos.
  • Trastornos del lenguaje. Algunas personas sufren patologías que afectan a su habla, dificultando también la comunicación al focalizar la atención en estos trastornos, en lugar de en el contenido del mensaje.