Qué es la formación humana en la empresa

Un profesional altamente capacitado pero con escasas habilidades sociales tendrá muy pocas posibilidades de tener éxito en su carrera laboral y perjudicará el buen funcionamiento de la organización. Por ello, las empresas deben prestar atención tanto al desarrollo técnico de sus empleados, como a la formación humana de los mismos.

Según Carvajal Orozco, “la formación humana se relaciona con el desarrollo de actitudes y valores que impactan en el crecimiento personal y social del individuo”. Está estrechamente relacionada con el concepto de inteligencia emocional del doctor en Psicología de la Universidad de Harvard Daniel Goleman, entendido como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”, según publica en su obra Emotional Intelligence.

Su importancia en el ámbito empresarial es crucial, pues según los estudios llevados a cabo por el experto, el cociente intelectual de una persona es responsable del 20% del éxito de la misma, mientras que el 80% restante está vinculado a su inteligencia emocional. Entonces, ¿por qué no fomentar la formación humana en el seno de las organizaciones?

Como pone de manifiesto Alberto Espinosa López en un artículo para Dinero.com, “los resultados de las organizaciones están estrechamente relacionados con los resultados de los proyectos de vida individuales”, por lo que “el proceso de mejora continua en las organizaciones debe ser paralelo al proceso de mejoramiento personal de cada uno de sus colaboradores”.

En este sentido, los directivos y responsables de Recursos Humanos deben poner en marcha iniciativas que permitan desarrollar las habilidades sociales de la plantilla y construyan personas en el plano laboral como personal.

¿Cuáles son estas competencias para la formación humana? En concreto, según Goleman, la inteligencia emocional está compuesta por los siguientes atributos:

  • Autoconciencia. Es entendida como la capacidad de reconocer y comprender las propias emociones, estados de ánimo y comportamientos derivados. Así, las personas con una fuerte autoconciencia son capaces de diferenciar los motivos que les hacen actuar de un modo u otro, son críticos consigo mismos y no temen evaluar su actitud y aptitud de forma realista.
  • Autocontrol. Una vez que sabemos qué nos pasa, es necesario contar con los mecanismos suficientes para controlar nuestros impulsos, evitando que interfieran negativamente en nuestras relaciones como los demás. De este modo, estaremos más abiertos al cambio y generaremos confianza y credibilidad en el resto de compañeros.
  • Motivación. Los profesionales con inteligencia emocional tienen una meta superior en su desarrollo profesional. No trabajan solo por dinero, sino que creen en una causa, tienen una vocación que les lleva a conseguir sus objetivos de forma más eficiente. Son enérgicos y apasionados, por lo que no cejan en su empeño de lograr las metas, lo que redunda en los resultados empresariales.
  • Empatía. Además de a nosotros mismos, la formación humana requiere que sepamos reconocer las emociones de los demás y tratar de comprender su forma de actuar en función de sus circunstancias. Esta habilidad repercute en una mayor atracción y retención del talento, un mejor clima laboral y relación con los grupos de interés.
  • Habilidades sociales. ¿Sabes comunicarte y construir relaciones interpersonales sólidas y basadas en la confianza? Entonces cuentas con las habilidades sociales necesarias para completar una alta inteligencia emocional, convirtiéndote en un líder efectivo, capaz de persuadir y guiar a los equipos.

“No es el estrés lo que nos hace caer, es cómo respondemos a las situaciones de estrés”, Wayde Goodall